La bicicleta: el vehículo del futuro

draisianaLa bicicleta es un invento europeo, cuyos primeros bocetos se atribuyen a Leonrado da Vinci  a finales del siglo XVI. Sin embargo, fue en 1817 cuando un inventor e investigador alemán llamado Karl Drais  creó la draisiana “máquina andante”, un vehículo precursor de la bicicleta de dos ruedas con una montura y un manillar, pero sin pedales. Fue en 1839, cuando Kirkpatrick Macmillan desarrolló la primera bicicleta con pedales similar a la que conocemos en la actualidad. Desde entonces y hasta estos días, la bicicleta ha ido evolucionado para convertirse en un elemento cultural en varios países, que identifica a diversos colectivos que comparten un estilo común: sano, ecológico y divertido.

Si bien la bicicleta tuvo sus orígenes en la revolución industrial, a fecha de hoy, en plena revolución tecnológica, vuelve a estar más en auge que nunca. La actual crisis económica y medioambiental que atravesamos, la irrupción de las tecnologías sociales, junto con la aparición de una nueva generación de jóvenes millennials; ha configurado una nueva manera de relacionarnos, de organizarnos y de entender el mundo. Un nuevo contexto, donde la bicicleta cobra protagonismo y simboliza el recorrido que debemos seguir sin dejar de pedalear. Por ello, ya muchos coinciden en llamar a este legendario sistema de transporte: el vehículo del futuro.

Desde sus inicios, hace más de siglo y medio, la bicicleta ha sabido adaptarse a diversos ambientes, necesidades y momentos de la vida; dando lugar a diferentes modelos en función de su uso: urbanas, de diseño, de montaña, de compañía, deportivas o para personas con problemas de movilidad.

La bicicleta se ha convertido en un elemento cultural que define: “un estilo de vida equilibrado”. Un amiga que te puede acompañar en todas las facetas de tu vida: en el trabajo, en el gimnasio, en la montaña, en la ciudad. Su capacidad de adaptación se refleja aún más  en su vínculo con la  actual cultura 2.0, al poder incluir  en ellas las tecnologías sociales que permiten a su usuarios descubrir y explorar nuevos lugares y conectar con más personas desde este vehículo. Dicho esto, está claro, que la bicicleta aporta todo los ingredientes de una vida plena, que se pueden resumir en una palabra: felicidad.

De aquellos primeros prototipos rudimentarios de del finales del siglo XIV, hemos pasado a bicicletas con diseños que son auténticas obras de arte e ingeniería; con la posibilidad de  incorporar tecnologías que las hacen  inteligentes y sociales.

Finalmente, de una visión  de unos inventores  que encarnaban  el arquetipo de la era industrial, la bicicleta ha pasado  a representar una misión en plena era de la globalización; iniciando un tour con diferentes etapas, pero una meta muy clara, contribuir a  modelos sociales: saludables, ecológicos, sostenibles, pero sin dejar de lado la diversión.

@alereig

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